Trabajo Orgásmico

Lo de masturbarme en el trabajo siempre ha tenido para mí un plus de morbo. Sé que a primera vista (o pensada) parece súper incómodo y en un ambiente que no invita al erotismo, pero cuando lo hago me corro en menos de 2 minutos y casi siempre con orgasmos muy explosivos y placenteros, por lo que se ha convertido en una práctica a tener muy en cuenta.

La primera vez que lo hice no tuve ni que levantarme de mi sitio, estaba leyendo un libro muy excitante, y de manera inconsciente, apretaba mis muslos y mis músculos vaginales a un ritmo cada vez mayor y con más intensidad. Cuando quise darme cuenta, me mordía el labio y se me cerraban los ojos involuntariamente, ¡me estaba corriendo! Tan placentero fue aquel clímax, que tarde cerca de un minuto en reaccionar y mirar a mi alrededor para comprobar que nadie me miraba de forma extraña, ni si quiera estaba segura de si había gritado o gemido ¡qué descubrimiento! ¡cuán potente es el poder sexual de la mente!

A partir de esa primera experiencia, se me han repetido las experiencias de orgasmos solitarios en mi horario laboral, nunca con nadie, y nunca más sin usar las manos, aunque me encantaría deciros lo contrario.

A veces los recuerdos me golpean el cerebro y el coño sin demasiada lógica, y antes que seguir creando un círculo húmedo en mis pantalones tengo que ir al baño a terminar la faena y secarme un poco. Otras veces, es algo que leo o veo lo que hace que el resorte de mi silla me impulse hasta la última cabina del baño a aprovechar la hinchazón de mi clítoris. También me ocurre, que simplemente pienso que estoy haciendo algo muy poco productivo y que llevo demasiado tiempo sin acariciarme el coño como para no ir a hacerlo en ese mismo momento. Además, unido a mi placer físico está el mental al pensar que me están pagando por ello.

Gracias a las diosas, vivimos en un mundo en el que se puede ver porno con unos cascos puestos desde el móvil, lo que muchas veces resulta fundamental para mis onanismos laborales, pero son las fantasías que me inspira lo que mejores ratos me ha dado. Es delicioso frotar tu clítoris mientras imaginas que alguna compañera abre tu puerta por el error, y, tras el asombro de verte masturbarte, se arrodilla ante ti para lamer tus dedos y tu coño a partes iguales. O pensar que el encargado de las cámaras de seguridad, es en realidad, un atractivo pícaro que ha puesto un desconocido dispositivo en ese baño, y al darse cuenta de tu solitaria práctica, viene corriendo a ayudarte con su preciosa polla. Pero, sin duda mi favorita, aunque no sé porqué ni me importa, es que la persona que hay en la cabina de al lado ha escuchado mis frotamientos, el chof chof de mi flujo y mi respiración acelerada, y ha decidido unirse a la fiesta al otro lado de la fina pared que nos separa ¡los orgasmos compartidos siempre son más bonitos!.

Sea como fuera, e independientemente del motivo que lo cause, los dedos en el trabajo sientan mejor, dan mucho más morbo y placer, y te permiten terminar la jornada con otra energía.

Y sí, habéis acertado, todo esto lo he escrito desde mi puesto, con mis dedos aún empapados del orgasmo que me he provocado hace 5 minutos en el baño y disfrutando de las palpitaciones de mi coño.

Dhayiba

Imagen: Emprendedorestv.pe

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