LOVA VI

“Tener una amiga dueña de un sex shop le había facilitado muchas de sus decisiones, aunque fue todo un calvario contarle la historia y responder a todas las preguntas de Giorgia, había conseguido un outfit bastante coherente y cómodo a la vez, y toda una serie de complementos y juguetes que no tenía ni idea de cómo ni cuándo utilizar, pero que le hacían sentirse poderosa y guapa.

Y allí estaba ella, con todo preparado 15 minutos antes de la hora de la cita mirándose en el espejo y planteándose de nuevo si aquello era una buena idea; menos mal que la impaciencia de Matías rompió sus pensamientos y dudas adelantándose a la hora acordada.

Desde el principio notó que no la miraba como un verdadero sumiso, había algo de reto en sus ojos por eso antes de dejarle pasar le obligó a arrodillarse y le puso una de esas cadenas que no sabía para lo que servían al cuello: no puedes desobedecer mis órdenes llegando a la hora que quieras, le dijo y pensó en darle una bofetada, pero no se atrevió, aquella cadena le pareció suficiente como para doblegarle.

Sentía que estaba controlando la situación, que, pese a su inexperiencia, su disfraz cubría su cara y sus miedos y que al final, aquello hasta podría ser más sincero de lo que pensaba, después de tanto tiempo fantaseando delante de un papel algo parpadeaba en su interior. Justo en ese momento, Matías se levantó y con un rápido movimiento logró inmovilizarla los dos brazos en la espalda. ¿Qué era aquello? ¿no se supone que si un sumisa paga por una dominatriz es para que le someta? ¿sería quizá un reto para ver si era capaz de dominarle de verdad? Pero ninguna de las estrategias sirvió para liberarse de él, ni los gritos, ni las órdenes, ni si quiera las súplicas. Al final comprendió que Matías solo quería una mujer fuerte a la que doblegar porque era mucho más excitante que hacerlo con las débiles, o eso fue lo que lo que dijo con la rodilla en su nuca, prefería creerle que pensar en algún tipo de venganza personal”

¡Vaya! Aquello era mucho más apasionante leído desde fuera, si no me hubiera pasado a mi estaría compadeciéndome de esa pobre chica ridículamente llena de cuero y cadenas inmovilizada contra el suelo en su primer intento de ser alguien; pero sé que aquello no fue una humillación por mucho que lo pareciera, sino un auténtico revulsivo para que me dejara de tonterías y tuviera más ganas de dominar que nunca.

Cierto es que Matías consiguió salirse con la suya: penetrarme tal y como deseaba hacerlo, pero sólo porque mi estrategia mudó a la indiferencia y le dejé hacer para terminar lo antes posible aquel primer encuentro tan sorprendente y edificante. Quizá él había ganado la batalla de mi coño, pero había perdido la de mi orgullo y eso era mucho más peligroso.

A modo de venganza rebelé su identidad y sus prácticas en mi blog a la mañana siguiente, asegurándome de que nadie más volvería a hacerse una idea equivocada sobre él y enviando por casualidad un link en el que se podían ver primeros planos de su pequeña y ridícula polla llena de pelo (cortesía de mi móvil en constante grabación gracias a los sabios consejos de Giroga). Quizá fuera solo una chiquillada que no vengaba la humillación y la violación de la noche anterior, pero me dejaba la sensación de haber hecho algo al respecto y me ayudaba a seguir adelante, puede que sin estos pequeños actos de rebeldía jamás hubiera conocido a César.

Azalí Macías

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