El rebote de la felicidad

A causa de un nuevo tatuaje en mi esternón llevo unos días sin ponerme sujetador, para optimizar su proceso de curación y evitar roces. En un principio me parecía una molestia, las tetas me rebotan, me suda el “bajoteto” y los pezones están algo irritados de tanto roce, supongo que todo ello consecuencia de tener los pechos grandes y algo descolgados (inevitable resultado del peso y la gravedad). Pero ayer, me di cuenta, de que, en realidad, está teniendo enormes ventajas de manera inconsciente.

Debo comenzar explicando que llevaba una temporada algo desconectada de mi sexualidad, me masturbaba poco, me miraba poco, fantaseaba poco y estaba centrada en un proceso interior de crecimiento en el que había olvidado lo determinante de este tema. A raíz de hacer propio el lema “libres domingos y domingas” me estoy reconectando con este mundo sexual propio de una manera muy brutal.

Tras un par de días de quejarme de lo tedioso de llevarlas colgando, he descubierto que mi libido se ha disparado, voy mirando culos y manos por la oficina, fantaseo en cualquier momento del día con y sin estímulos y me he vuelto a masturbar de una manera muy placentera. Además, siento que esta conexión va más allá, y el contacto de mis tetas con el mundo sin la ortopédica prenda que es el sujetador, se ha convertido en la puerta de entrada hacia mi reconciliación con mi mujer salvaje:

  • Camino exagerando la oscilación de mi cuerpo para que mis tetas reboten un poco más de lo necesario (he descubierto que este movimiento es una de las mejores técnicas para liberar endorfinas)
  • Me rasco y coloco las tetas en público sin pudor (porque ahora las siento más parte de mí cuando no están moldeadas y aprisionadas por el sujetador)
  • El morbo me invade al pensar que alguien ha descubierto “mi secreto” cuando nos cruzamos (al principio trataba de ocultarlo y me daba vergüenza, pero he descubierto esa energía empoderadora cuando presupones que se te nota que no llevas sujetador)
  • Y lo más importante, he aprendido a amarlas tal y como son, sin que nada las desforme o las coloque en el sitio que exige la sociedad, son preciosas en su plenitud, aunque no sean tan redondas y altas como supuestamente marcan los cánones de belleza actual A LA MIERDA

Debería haberme imaginado parte de todo esto el día que me tatué. Por exigencias del guion, y del diseño que habíamos elegido, mi mejor amiga y yo nos vimos “obligadas” a estar sin sujetador en la sesión en la que nos tatuábamos las dos. En ese momento pensaba que eran los nervios, pero ahora que he reflexionado sobre ello, me he dado cuenta de que todas las risas y felicidad que sentíamos al estar desnudas de cintura para arriba era gracias a la liberación de nuestras tetas en un ambiente semi-público. De hecho, nos hicimos mil fotos, nos sujetamos las tetas la una a la otra y nos admiramos en el espejo más allá de lo que el tatuaje merecía mirar. Además de amar mis tetas libres, amo la compañía que le dan las de mis mujeres.

Es cierto que en ocasiones es incómodo no llevar sujetador, pero definitivamente tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Tengo ganas de volver a ponerme un sujetador y evitar los roces por unos días, pero me estoy planteando muy seriamente establecer “el día semanal sin sujetador” y disfrutarlo al máximo. Mi unalome ya me ha enseñado algo antes de cicatrizar.

Azalí Macías

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